El que ama… corrige

“Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (Proverbios 3:12).

Como padres somos representantes de Dios en nuestro hogar, luego entonces debemos gobernar nuestro hogar como mayordomos de Dios actuando como sus delegados. El Padre Celestial disciplina a sus hijos a través de su Palabra y mediante el castigo. De igual forma, el padre cristiano y fiel, hará uso de los mismos métodos: la instrucción bíblica y la vara. Ahora bien, es importante saber qué debemos tomar en cuenta al disciplinar a nuestros hijos. Basados en 1a. de Corintios 13:4-5, podemos decir que primeramente debemos disciplinar en amor y para eso debemos sufrirlo, no debemos hacer nada indebido, no debemos irritarnos, no debemos buscar lo nuestro, ni debemos guardar rencor. De acuerdo a 2a. de Timoteo 3:16-17, existen 4 maneras en que la Palabra de Dios nos disciplina:

1. Nos enseña, revelándonos el pensamiento de Dios.

2. Nos redarguye, cargando nuestra consciencia.

3. Nos corrige, mostrándonos lo equivocado y enderezando todo lo torcido.

4. Nos instruye, la meta no es impartir conocimiento sino dar una severa disciplina.

Ahora hablaremos sobre la disciplina y la vara.

En la Biblia podemos encontrar el ejemplo Divino del uso de la vara. En Hebreos 12:6-8 encontramos dos palabras que describen la disciplina de Dios: ama y azota. Con esto observamos que los hijos son azotados y los amados son disciplinados. Cuando nosotros disciplinamos a nuestros hijos, se lleva a cabo una paternidad reconocida donde los hijos saben e identifican quién es su padre. Podemos ver ejemplos de esto en 2° de Samuel 7:14 y Salmos 89:26,30-32.

Pasemos ahora a hablar sobre la aplicación de la vara en nuestros hogares. Para empezar, en la Biblia encontramos principios en cuanto a la disciplina:

1. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Pr. 13:24). Entonces preguntamos: ¿qué hace el padre a su hijo cuando no lo castiga? Lo aborrece. Y ¿cuándo sí lo castiga? Lo ama.

2. “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se apresure tu alma para destruirlo” (Pr. 19:18). La pregunta aquí es: ¿qué cuidado debe tener el padre cuando castiga a su hijo? No destruirlo.

3. “La necedad esta ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él” (Pr 22:15). ¿Qué bien le bien le hará el castigo con vara al muchacho? Alejará la necedad de su corazón.

4. “No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara y librarás su alma del Seol” (Pr. 23:13-14). ¿De qué librará el castigo oportuno? De la muerte.

5. “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” (Pr. 29:15). ¿Cuál es el resultado del uso de la vara? No avergonzará a su madre.

6. “Corrige a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma” (Pr. 29:17). ¿Cuál es el resultado del uso de la vara? Nos dará descanso y alegría.

Con esto concluimos que la disciplina significa corrección y se aplica para lograr la sumisión de los hijos a los preceptos divinos y al Señor y que ésta se debe llevar a cabo mediante la enseñanza y vida disciplinada de los padres, quienes demuestran su amor a los hijos al corregirlos y castigarlos.

José Luis Elizondo Villarreal

Director Operativo

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